jueves, 3 de junio de 2010

Hoy se levantó un tipo en el colectivo y una vieja que estaba como por ahí agarró y rempujó un poco y dijo “permiso, me voy a sentar”. Con el tono de quien se sabe vieja y que tiene derecho a un asiento, o por lo menos más derecho que un muchacho de 42 años de aspecto juvenil. Pero ocurrió que atrás de esta vieja había otra, bastante más decrépita que la primera. O sea, la primera vieja tenía el pelo teñido de negro, que es como querer parecer joven, o sea que todavía estás en la edad en la que suponés que podés parecer más joven de lo que sos. La otra no, lo que indicaría que ya tiene la sabiduría que dan los años denserio. Entonces dije: “Me parece que la señora también se quiere sentar”, y la vieja menos vieja tuvo, con cierto disgusto, que cederle a la vieja más vieja. En resumen, fue como en “Alien vs. Predator”, donde se pelean dos malos, pero hinchás por uno porque es menos malo que el otro (en este caso, más (sic.) viejo).

Por Podeti, en http://weblogs.clarin.com/podeti/, el lunes 31 de Mayo de 2010

jueves, 4 de febrero de 2010

chucha

En momentos como este, noches tormentosas me hacen pensar me hacen imaginar cosas que no son y me hacen soñar

Parpadea el cielo en gris y rosado y en un cuadro se me ocurre pintarte mi amor

Zapatea el trueno que estremece al perro y algo dentro mío desea ser músico tocar un instrumento o escribir una canción para cantarte que te quiero

Al rato las nubes calmas dejan sentir la humedad sofocante y caigo en la cuenta de que antes que ser pintor o cantor, mi corazón preferiría estar al lado de vos para mirarte acariciarte y no dejar de besarte hasta dormirnos

martes, 8 de diciembre de 2009

Parte I

Tal vez si fuera el optimismo una característica de la personalidad del muchacho al que ella le dirigía las frases ya hechas conocidas hasta por un adolescente de cualquier género o si acaso fuera él mismo un soñador que apuesta al amor con el alma entera y que se deja embriagar por las palabras dulces de una poesía romántica aturdida por la rima melosa, solo entonces no se habría echado a reír desaforadamente al punto de no poder distinguir esa risa de un llanto inconsciente justo luego de oír las idioteces que surgían desde el celular. Ella no lo conocía lo suficiente para saber que de esa manera no lo estaba ayudando como era su intención y menos aun conocía a su propio hermano causante del tremendo desasosiego de aquel desesperado que perseguía una razón, si la había, como para saber lo lejos que estaban sus premoniciones de la realidad. Por varios segundos contemplaron cada uno en silencio el silencio del otro hasta que una vez calmado él le agradeció el inútil apoyo telefónico y con End finalizó la comunicación. El desgraciado sabía que nadie volvería y no, como ella le había dicho, que volvería en cualquier momento, sabía también que nadie daría un paso atrás y no, como ella suponía, que ya se daría cuenta del error que estaba cometiendo. Con estos pensamientos se hundía en la almohada en el colchón de su cama de una sola plaza y se retorcía iracundo entre las sábanas y el acolchado sufriendo y sintiendo la impotencia de no poder gobernar ninguna decisión que se le ocurriera. Nada podía hacer. Lo que hiciera sería en vano. A lo que hiciera no le encontraría sentido alguno pero continuó.

Parte II

Continuó su vida diaria, su trabajo continuó con algunas depresiones que no pasaron desapercibidas ante la observación de su jefa a quien debió dar explicaciones: sin detallar demasiado, dijo que estaba atravesando un momento difícil y ella sin vacilar preguntó “¿lo dejó su chico?” Él no respondió pero ella sabía que sí, y siguió hablando, consolándolo con una serenidad que asombraba, como si alguien más le hubiera anticipado la noticia, mientras él, perplejo, se bifurcaba en la doble preocupación del empleado excelente con excelentes métricas, cuyos objetivos eran los ideales y sus ideales, contrarios a los comunes, a los que hoy estaba alarmando con sus resultados parciales las mediciones de su jornada; y por la sensación de desnudez que le provocaba la naturalidad con la que reaccionó la superiora frente a lo que él creía que había disimulado perfectamente. Fue un instante que se extendía y se extendía mientras el estupor extremado le suspendía el discurso y no por mucho la razón. Como si rebobinara una cinta VHS, volvía en su memoria buscando el momento en que había fallado su actuación y al tiempo procuraba continuar atendiendo a su cliente, pero tanto una como la otra cosa le resultaban imposibles. Con los codos doblados y apoyados sobre el escritorio sostenía en sus palmas el mentón y con las yemas apuñalaba sus sienes y penetraba con la mirada el LCD de su computadora y cada píxel se convertía en un pensamiento que le perturbaba el resto de su ya imperceptible tranquilidad. Seteó en Aux3 su Avaya, lo que le permitía ir al baño, y cuando hubo finalizado la telecomunicación, avisó y salió del edificio a fumar un cigarrillo y permitirse un poco de distracción.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Post data

en serio por favor te pido que me perdones
no era mi intención que las cosas fueran de esa manera
si lo hubiera pensado juro que habría sido diferente
todo
desde el principio hasta el final
podría haber olvidado colores
podría haber olvidado sabores
aromas preferidos
podría haberte contrariado en futilidades
hasta habría dejado la puerta del baño abierta si sabía que te enfurecía
nunca habría cancelado reuniones de soloamigos
ni la mesa de póquer de los miércoles
quizá hubiera sido un poco cruel
pero si era necesario te habría mentido
podría haberme embriagado cada noche
y dormirme sin amarte
podría haberte sido infiel para que lo notaras
y lo habría repetido hasta que me odiaras
pero parte de esta culpa también te pertenece
nunca dijiste lo que pensabas seriamente
nunca imaginé que pudieras amarme
menos aun que pensaras que yo te amaría
ya sabes, nena, nada es para siempre
deja ya el celular y no vuelvas a llamarme
en serio por favor te pido que me perdones

p/d: nunca quise hacerte tanto bien

jueves, 20 de agosto de 2009

¿Qué pesa más: una palabra o lo que ésta representa?

y bueno mientras escucho el acústico just like heaven de the cure y espero que la lista llegue a time, leo, miro, escucho y algo más.. y cuánto se puede decir con una sola palabra... sobre todo si está bien usada, bien dicha, bien aplicada y, claro, si se la escucha bien, se la comprende en su totalidad y si se la aplica bien. El valor de una palabra, el peso de una palabra... muchas veces pesa o vale más que lo que representa en sí, si no el gran Foucault no tendría razón al realizar su comparación entre dos animales totalmente distintos entre sí pero que ambos responden a la unidad perro y que están realizando acciones también distintas, siendo que a cada acción le corresponde también una unidad significante, supongamos correr y comer, enfrentados contra otro animal al que le pertenece otra unidad distinta, por ejemplo, gato que realiza esas dos mismas acciones. Concluye con que todos estaríamos de acuerdo en que ambos perros se parecen entre sí, a pesar de que uno esté corriendo (sin comer) y el otro, comiendo (sin correr). Y con que todos estaríamos de acuerdo en que en nada se asemejan el perro que está corriendo con el gato que está corriendo o, paralelamente, el can y el felino que están comiendo. Nada nuevo hasta acá. Ahora bien, imaginemos que uno de los perros es un perro salchicha corriendo a la par de un gato oriental, ambos se lanzaron a la carrera en el mismo instante, corren a la misma velocidad y sus movimientos, si bien son los propios de cada especie, son coordinados y sincronizados (difícil si lo es, pero bueno, imaginémoslo)... pueden agregarle incluso detalles: los dos animales sacan la lengua para el mismo lado y la vuelven a guardar, todo al mismo tiempo, o los dos giran sus cabezas al unísono, o los dos tienen el pelaje del mismo color, por decir algo. Guardemos una instantánea de esta secuencia por un momento y supongamos ahora al otro gato, que puede ser un bosque de noruega, comiendo de su plato un alimento balanceado con las mismas formas que el alimento balanceado que come el pekinés blanco que está al lado. Los dos sentados sobre sus patas traseras, agachando sus cabezas para alcanzar un bocado y haciendo crujir los gránulos simultáneamente, dejan de comer al mismo tiempo, se relamen, limpian sus hocicos, lamen sus patas, las refriegan en sus caras (y pueden agregar detalles)... Congelemos la película de estos peludos y con las dos imágenes en mente preguntémonos de nuevo qué se parece más a qué: ¿perro con perro y gato con gato, o perro que corre con gato que corre y gato que come con perro que come?
Claramente el peso de las palabras perro y gato afecta muchísimo al procurar responder una pregunta tan simple como la que se plantea más arriba, principalmente si no analizamos detelladamente la situación o el contexto de uso de las unidades léxicas.

viernes, 14 de agosto de 2009

En la Plaza de la Intendencia

Sentada junto a él se hace agua, muere por besarlo. El cuello y los labios se estiran para alcanzar un suspiro insípido. Mientras cruza una pierna sobre la otra, él le habla con frío palabras cortas y al instante todos sus sentidos femeninos vuelven a sus lugares. Como una morena vieja con mirada de paloma saca del bolsillo una mano y acaricia su pierna cruzada. Él carraspea y acomoda sus manos en sus bolsillos. Ya ni con voces desesperadamente dulces logra ablandarlo. Asfixiada busca consejos sueltos en el aire, en las gentes. Sus talones inquietos no dejan de saltar en el lugar. Él como tomando fresco y ella con los codos en las rodillas, rodillas separadas, juntas las manos y los dedos enredados que aprieta como queriendo exprimir una fruta seca de porqués. Él ya le daba la espalda. Lo abraza y él se levanta. Con los ojos mojados lo convence -se sienta. Su corazón está como un pájaro recién enjaulado. Él le habla, recogen sus cosas y caminan, ella muy detrás de él. Atraviesan la plaza. Él camina recto en un traje gris impecable, con un brazo cruzado detrás de su espalda y cubriendo su rostro del sol con un diario. Ella lo sigue, se acomoda su pantalón de gimnasia. Lo pierde. ¡Y escupe!, algún trago amargo quizá.