jueves, 20 de agosto de 2009

¿Qué pesa más: una palabra o lo que ésta representa?

y bueno mientras escucho el acústico just like heaven de the cure y espero que la lista llegue a time, leo, miro, escucho y algo más.. y cuánto se puede decir con una sola palabra... sobre todo si está bien usada, bien dicha, bien aplicada y, claro, si se la escucha bien, se la comprende en su totalidad y si se la aplica bien. El valor de una palabra, el peso de una palabra... muchas veces pesa o vale más que lo que representa en sí, si no el gran Foucault no tendría razón al realizar su comparación entre dos animales totalmente distintos entre sí pero que ambos responden a la unidad perro y que están realizando acciones también distintas, siendo que a cada acción le corresponde también una unidad significante, supongamos correr y comer, enfrentados contra otro animal al que le pertenece otra unidad distinta, por ejemplo, gato que realiza esas dos mismas acciones. Concluye con que todos estaríamos de acuerdo en que ambos perros se parecen entre sí, a pesar de que uno esté corriendo (sin comer) y el otro, comiendo (sin correr). Y con que todos estaríamos de acuerdo en que en nada se asemejan el perro que está corriendo con el gato que está corriendo o, paralelamente, el can y el felino que están comiendo. Nada nuevo hasta acá. Ahora bien, imaginemos que uno de los perros es un perro salchicha corriendo a la par de un gato oriental, ambos se lanzaron a la carrera en el mismo instante, corren a la misma velocidad y sus movimientos, si bien son los propios de cada especie, son coordinados y sincronizados (difícil si lo es, pero bueno, imaginémoslo)... pueden agregarle incluso detalles: los dos animales sacan la lengua para el mismo lado y la vuelven a guardar, todo al mismo tiempo, o los dos giran sus cabezas al unísono, o los dos tienen el pelaje del mismo color, por decir algo. Guardemos una instantánea de esta secuencia por un momento y supongamos ahora al otro gato, que puede ser un bosque de noruega, comiendo de su plato un alimento balanceado con las mismas formas que el alimento balanceado que come el pekinés blanco que está al lado. Los dos sentados sobre sus patas traseras, agachando sus cabezas para alcanzar un bocado y haciendo crujir los gránulos simultáneamente, dejan de comer al mismo tiempo, se relamen, limpian sus hocicos, lamen sus patas, las refriegan en sus caras (y pueden agregar detalles)... Congelemos la película de estos peludos y con las dos imágenes en mente preguntémonos de nuevo qué se parece más a qué: ¿perro con perro y gato con gato, o perro que corre con gato que corre y gato que come con perro que come?
Claramente el peso de las palabras perro y gato afecta muchísimo al procurar responder una pregunta tan simple como la que se plantea más arriba, principalmente si no analizamos detelladamente la situación o el contexto de uso de las unidades léxicas.

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